16 de junio de 2016

El Pentecostalismo: Nuevas Formas De Organización Religiosa En Los Sectores Populares. Origen, Evolución Y Funciones En La Sociedad Colombiana. 1960-1995

TODOS LOS DERECHOS DE AUTOR A REVISTA CRITICA UNIVERSIDAD DE LOS ANDES 
AUTORA: Ana Mercedes Pereira Souza

Colombia, conocido como "el país del Sagrado Corazón", comienza a sentir los efectos de la pluralidad religiosa en todos los sectores y clases sociales. Desde el punto de vista sociológico es interesante constatar que la nación más católica de América Latina y del mundo -según algunos analistas- comienzan a diversificarse en términos religiosos y políticos.

Por supuesto, este hecho no es aislado. En general, en todo el continente latinoamericano,[1] lo mismo que en Asia y África,[2] aparece esta pluralidad y sobresale en ella el pentecostalismo popular.

El fenómeno que observamos en la sociedad colombiana en los años 60 se inicia con un proceso de pluralidad tanto dentro del campo religioso[3] como del campo político.

Para algunos historiadores,[4] el ethos cultural[5] de los colombianos se estructuró históricamente en la articulación de los ejes Religión y Política; ahora, lo que analizamos es que en esta coyuntura, las instituciones que cumplieron funciones sociales en la construcción de identidades individuales y colectivas entraron en crisis y surgieron nuevos actores sociales con proyectos modernizantes.

Centramos nuestro análisis en el Hecho Religioso del país, y la hipótesis directriz de esta reflexión es que existen factores exógenos que sin duda están presentes y contribuyeron de una u otra forma en los procesos de pluralidad religiosa en Colombia, pero hay también elementos endógenos, propios de nuestras realidades socio-históricas, y que han permitido esta diversificación religiosa. Analizaremos en especial lo relacionado con el crecimiento de las Iglesias pentecostales en Santa fé de Bogotá.

a) Factores exógenos

Creemos que hay factores externos relacionados con la pluralidad religiosa que están presentes en la vida y la historia de América Latina y que en cada país se han incorporado y generado nuevas cosmovisiones en los diferentes sectores sociales. Voy a enumerar algunos:

1) La Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría y sus implicaciones para América Latina y Colombia en los campos político, económico, social y cultural-religioso.

2) La política exterior de los Estados Unidos hacia América Latina, frente a la expansión del comunismo (1950-1960) y del marxismo y la Teología de la Liberación (1970 -1990), y las funciones de estas políticas respecto a los procesos de liberación en nuestros países.

3) El reavivamiento y expansión en diferentes países de Oriente y Occidente de los llamados Nuevos Movimientos Religiosos y sus expresiones en América Latina.

4) La expulsión de cientos de pastores y sacerdotes católicos de China y la mirada de estas Iglesias a América Latina-Colombia, en perspectivas de misiones, evangelización, cristianización.

5) Unido a lo anterior, las Conferencias Evangélicas en América Latina y sus proyectos misioneros hacia el continente latinoamericano.

6) La objeción al servicio militar de algunos miembros de Iglesias protestantes históricas, pentecostales, de santidad y de otras conocidas ampliamente como sectas, personas que optan por un trabajo misional en Latinoamérica y contribuyen así al crecimiento de sus Iglesias.

7) La realización de Vaticano II y la "apertura a la modernidad", al ecumenismo, y con ello el inicio de procesos secularizantes desde diferentes actores religiosos. De otro lado, Vaticano II "rompe", por así decirlo, con algunos aspectos de la devoción popa lar, expresada por los fieles hacia las imágenes de los santos, al suprimirlas de los altares. Este hecho, de alguna manera, proporcionó una "cercanía" entre el catolicismo popular y el pentecostalismo popular.

8) El impacto de la modernidad/modernización en América Latina y el papel cumplido allí por los medios de comunicación, los cambios en el campo de la producción y las consiguientes transformaciones en las costumbres y las culturas tradicionales.

Sin duda se pueden mencionar otros factores, pero dejamos ahí los referentes, a mi juicio, más inmediatos, a fin de estructurar un análisis a partir de la experiencia colombiana.

La pregunta es: ¿cómo estos aspectos que hacen parte de una lógica macrosocial se articularon en las realidades microsociales de los diferentes grupos y sectores de nuestras sociedades? En el caso colombiano, ¿cómo se articulan a una situación percibida objetiva y subjetivamente como situación de crisis social, afectiva, económica, política, cultural-religiosa, por individuos y grupos sociales?

b) Factores endógenos

A partir de una investigación realizada en CINEP[6] constatamos la presencia de factores internos en los procesos de opción por otras expresiones religiosas diferentes a las católicas:

1) Frustración de la Iglesia Católica: los entrevistados (40 pastores) hacen referencia a su decisión principalmente por los siguientes motivos: a) falta de participación en la Iglesia Católica; b) frustración ante el mensaje católico, c) antitestimonio del clero y los católicos; d) falta de respuesta de la Iglesia Católica a la crisis global, percibida por los sectores populares como destructora y amenazante.

2) Se constata en todos los testimonios una situación de crisis relacionada con la conversión, una crisis en términos globales: afectiva, económica, política; en últimas, una crisis existencial.

Todos expresaron un sentimiento de inseguridad, de temor muy grande en los momentos en que vivían esta crisis; desde sus experiencias cotidianas, algunos sumergidos en el alcohol, otros en la droga, gran parte en una crisis de sentido de la experiencia familiar, cinco de entre ellos al borde del suicidio, otros con deudas y problemas económicos, y uno que vio el derrumbe de su empresa, trabajo construido en 30 largos años. Realmente son muy pocos los que en situaciones de vida normales optaron por las Iglesias pentecostales.[7]

Sin lugar a dudas, el proceso de conversión es un momento privilegiado para todo investigador social que quiera conocer las motivaciones centrales de este tipo de opciones. Allí se evidencian las frustraciones, el contrasentido y la urgencia de búsqueda de sentido a la vida, experimentado en estos casos a través del pentecostalismo. En últimas, lo que sale a flote en los procesos de conversión es el mundo subjetivo, el mundo de los afectos y desafectos, el mundo de las limitaciones humanas.

De ahí que mi posición frente a la hipótesis ampliamente enunciada sobre la relación entre "políticas norteamericanas y sectas" se relativice.

La reflexión realizada ampliamente por A.M Ezcurra[8] y otras personas tiene, por supuesto, fundamentos, sobre todo, si se analizan detalladamente los Documentos de Santa Fe I y EL En el caso colombiano, no se han realizado estudios de los discursos de las Iglesias evangélicas en los años 60, pero sí iniciamos este proceso investigativo en torno a los universos simbólicos emanados del Pentecostalismo.

Mi opción sociológica es analizar la otra cara de la moneda, es decir, la lógica microsocial, las motivaciones, la dimensión subjetiva de estas opciones. Me pregunto por qué la oferta pentecostal es aceptada, digamos, ampliamente, por sectores de las capas populares, y, hacia los noventa, por sectores de las clases medias-altas, desde el punto de vista de las Iglesias neopentecostales.

¿Qué tienen de especial estas ofertas que logran traspasar la conciencia de miles de personas socializadas históricamente por la visión del mundo católico?

Sabemos que la socialización católica se realizó durante 500 años... ¿Por qué, cómo y a partir de qué tipo de discurso y práctica socio-religiosa el Pentecostalismo logró y logra permear ese ethos católico y construir un nuevo SENTIDO de la vida y los procesos de identidades individuales y colectivas a través de estas experiencias?

¿Cómo y desde qué mediaciones el pentecostalismo responde a la situación de crisis de las personas que se vinculan a estas Iglesias?

Estas y otras preguntas están por responderse en el contexto colombiano. Exploraremos respuestas a través del discurso y la práctica de los actores religiosos pentecostales.

II. CARACTERÍSTICAS DEL PENTECOSTALISMO COLOMBIANO

La investigación iniciada por el CINEP se realizó en Santa fe de Bogotá en 1994. Es decir, tomamos una amplia muestra urbana. En 1995 realicé algunas charlas para agentes de pastoral y entendí que la experiencia pentecostal en los sectores rurales y selváticos es totalmente diferente a la analizada en Bogotá.

Parecería que en las regiones mencionadas hay grados más elevados de "sectorización" y una representación social del catolicismo en términos de "enemigo", representación que se expresa en el discurso y en la práctica socio-religiosa con mayor énfasis que en el sector urbano.

Ahora, la impresión es que esta representación social en los sectores rurales es mutua, es decir, hay problemas y tensiones que demuestran la ausencia de "tolerancia religiosa" tanto en las Iglesias pentecostales como en el catolicismo.

Así, estructuro la siguiente hipótesis: el pentecostalismo colombiano en general no es homogéneo y dentro de esa heterogeneidad el pentecostalismo urbano en cierta medida se encuentra en un proceso de transición. Transición que se expresa en el paso de una generación pentecostal "tradicional fundamentalista" a otra "moderna", en interrelación con la sociedad y con diferentes actores sociales de la misma.

Metodológicamente realizamos cuarenta entrevistas a pastores responsables de denominaciones y cincuenta encuestas a pastores responsables de congregaciones.[9] Tenemos una gran limitación, ya que la investigación no llegó a los miembros de las congregaciones. El objetivo de este trabajo era el de realizar una primera aproximación al pentecostalismo bogotano.

Con base en estas limitaciones, analizamos a continuación, algunos de los resultados de la sistematización de variables:

A) Respecto a pastores responsables de denominaciones:

Presentación general de los pastores entrevistados:

Encontramos solamente dos pastores extranjeros, 27 de regiones diferentes de Bogotá y once de Bogotá.

Al intercambiar información con algunos pastores, supimos que en Colombia existen aproximadamente 70 denominaciones protestantes pentecostales. Es interesante constatar una presencia minoritaria de pastores extranjeros actualmente en el país; esto indica el grado de autonomía que han alcanzado las denominaciones colombianas respecto de sus Iglesias de origen.

Al parecer, las diferencias en términos económicos (salarios) y educativos (formación) han sido factores importantes en la cristalización de conflictos entre misioneros extranjeros y pastores colombianos.

Sinclair explica[10] que "las diferencias de sueldos y garantías entre los pastores nacionales y extranjeros causaba una serie de tensiones, principalmente de carácter cultural, pero estas tensiones se combinaban con la gran diferencia en preparación académica y teológica, lo que provocaba mucho distanciamiento".

En los años 60 y 70 se produjeron divisiones en algunas Iglesias. Es el caso de la Iglesia Cruzada Evangélica, de la que nace posteriormente la Iglesia Cruzada Cristiana.

Continuando nuestra lectura, vemos que el 67% de los pastores es de procedencia rural (27), y muchos de ellos con una historia personal, familiar, cargada de las imágenes religiosas y políticas de la época de la "Violencia" en Colombia:

"Yo me convertí a los catorce años, en 1960 {} Yo nací en medio de la violencia político-religiosa de este país, {} cuando hubo la alianza del gobierno y la Iglesia Católica y la policía para exterminar a gentes del partido contrario al gobierno {} Yo soy de la región donde había esa violencia y yo vi a mis padres perder todas sus posesiones y yo vi al sacerdote de mi pueblo bendecir los fusiles de los que masacraban la gente que no comulgaba con las ideas del partido del gobierno".[11]

Otro pastor cuenta: "Yo me convertí al cristianismo en 1960. Yo me crié en el Tolima bajo la sombra de lo que se llamó la época de la violencia, la década de los 50, y vi muchas atrocidades en mi juventud y en mi adolescencia, particularmente. Me crié con un vacío profundo en mi corazón {} Después de haber salido de esa crisis en parte, del aspecto de la violencia que ha cambiado un poco mi vida, me casé creyendo que en el matrimonio encontraba yo respuesta a mis necesidades, al vacío interno que tenía..."[12]

La situación de crisis en la coyuntura de los 60 fue general en América Latina; sin embargo, en Colombia la problemática se agudizó por la violencia y los efectos de la misma sobre las familias campesinas (1953 -1957).

Hay en varios pastores (40-60 años) una representación social nefasta de los partidos políticos y de la Iglesia Católica. Una frustración total (eran jóvenes en esas décadas) respecto a estas instituciones. Ahora, esas actitudes y sentimientos no son gratuitos; el experimentar en carne propia la violencia de esos años, la persecución religiosa, el empobrecimiento (robo de las tierras), los asesinatos, sin duda deja una imagen negativa de los actores sociales, religiosos y políticos de la época.

Intuimos que la relación entre "violencia" y persecución protestante es vital para la comprensión del auge y la expansión de la comunidad evangélica en Colombia. Sinclair expresa que "la comunidad protestante aumentó el 300% entre 1950 y 1970, a pesar de los sufrimientos de la] violencia. Se propagó por zonas urbanas de "creyentes", debido a la misma violencia y a la visibilidad del protestantismo por las polémicas sobre la libertad de culto. Las nuevas garantías de libertad de culto dadas en 1958 animaron a las Iglesias a hacer nuevos esfuerzos".[13]

Respecto al crecimiento del protestantismo en Colombia, de la investigación del CINEP extractamos las siguientes cifras:

En 1930, la comunidad protestante era aproximadamente de 9.000 personas.

En 1969, CEDECOL (Conferencia Evangélica de Colombia) afirma que la membresía evangélica asciende a 69.000 personas.

En 1994 constatamos en 40 denominaciones una membresía aproximada a 1.500.000 personas y creemos que en su totalidad el protestantismo-pentecostalismo supera los dos millones de personas.[14]

Por supuesto, en Colombia es notorio el crecimiento en especial del pentecostalismo, sobre todo en las últimas tres décadas.

Ahora, ¿cómo se explica este crecimiento? ¿Está relacionado con la "Violencia" y/o con procesos de pauperización en los sectores populares? Si es así, ¿por qué la oferta neopentecostal se expande progresivamente entre las clases medias y altas?

A partir de las entrevistas realizadas, analizamos una triple lógica explicativa de este fenómeno:

a) La experiencia de la violencia, en especial en pastores de 40 y más años.
b) La crisis socio-económica, en todos los entrevistados
d) Una frustración de la oferta religiosa católica, en la mayoría de los casos.

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