26 de marzo de 2014

Mutación: De Católico A Pentecostal



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Derechos De Las Fotos: Jc Muñoz O

La Iglesia Católica sigue perdiendo terreno frente a las pentecostales, que han logrado crecer en su doble condición de comunidades religiosas y proyectos empresariales rentables. Estas son las razones del proceso. - Menos católicos, más evangélicos

La sociedad colombiana vive un proceso de trasformación en sus costumbres religiosas.  Su identidad depende cada vez menos del aparato simbólico católico (que incluye fiestas religiosas, vírgenes, santos, Catedrales y rituales como misas, novenas, peregrinaciones y procesiones).  Al mismo tiempo disminuyen, en términos relativos, la influencia y la autoridad de la Iglesia Católica y de su cuerpo sacerdotal.

Por eso no sorprende la reciente noticia según la cual entre 15 y 20 nuevas iglesias son registradas cada semana y que el 97 por ciento de estas solicitudes provienen de comunidades “cristianas”. 

Los adjetivos “cristiana” y “cristianos” (a secas) hace referencia al movimiento evangélico pentecostal, en plena expansión en toda América Latina y en el África Subsahariana. Hoy alrededor del 16 por ciento de la población colombiana simpatiza o hace parte de este movimiento y representa la segunda expresión religiosa en Colombia, después del catolicismo.

Si bien el aparato simbólico e institucional católico sigue siendo importante, enfrenta la competencia de nuevas formas de gestión de lo sagrado. Se multiplican las “iglesias”, “comunidades” y “misiones cristianas”, con sus respectivos “pastores”, “profetas” e inclusive “apóstoles”. Todas estas reclaman autonomía frente a la Iglesia Católica y representan nuevos caminos para “acercarse a Dios” y “alcanzar la salvación”.




¿A qué obedece el fenómeno? 

A mediados del siglo XX el crecimiento demográfico y el salto de una sociedad rural a una urbana pusieron a la Iglesia Católica en una situación para la cual no estaba preparada, pues no contaba con los recursos humanos para atender a las multitudes que empezaban a poblar las periferias urbanas.

Las migraciones internas y la explosión demográfica agudizaron la llamada “crisis de las vocaciones sacerdotales”. 

Al mismo tiempo, nuevas misiones protestantes de tipo evangélico y pentecostal procedentes especialmente de Estados Unidos predicaban una nueva forma de acercarse a Dios, basada en la conversión, el éxtasis religioso, la experiencia personal y los milagros. 

El arribo de las misiones evangélicas al país ofreció una alternativa para las multitudes que estaban siendo desatendidas por la Iglesia Católica y que por eso buscaron nuevos caminos para satisfacer sus necesidades religiosas.

Ya en la Colombia de los años 70, pastores autóctonos empezaron a transformar el mensaje predicado por los misioneros evangélicos para adaptarlo a las necesidades y a la cultura de los colombianos, generando formas de religiosidad hibridas que combinan el catolicismo popular con el protestantismo importado. 

Esta fórmula ha gozado de gran acogida  en todo el territorio latinoamericano y los pastores fundaron nuevas organizaciones cristianas, muchas de las cuales no han cesado de crecer. Las nuevas comunidades religiosas se han construido sobre la base de un capital fundamental que en términos sociológicos y religiosos se conoce como “carisma individual”, que expresa, por una parte, la capacidad por parte de un líder de demostrar “dones extraordinarios”, como cualidades oratorias, o poder sobre las enfermedades y, por otra parte, una suerte de empatía o magnetismo que les permite a estos líderes aglutinar seguidores alrededor de sí.

Proyectos empresariales



Inicialmente estas comunidades atrajeron a los sectores más vulnerables de la población: desplazados, desempleados y, en general, a ese inmenso sector de la población colombiana que vive en la precariedad económica. 

Pero también han expandido sus horizontes y acogen hoy las necesidades religiosas de la clase media, de universitarios, profesionales y empresarios.

Las nuevas iglesias ofrecen servicios espirituales, pero también acceso a la salud, ayudan a sus miembros a abandonar los vicios, y son espacios de refugio comunitario frente a la crisis de la familia tradicional.

Pero no se trata sólo de ofertas solidarias y espirituales. También persiguen intereses económicos. Como proyectos empresariales, la mayoría de estas comunidades nace en la informalidad, en un garaje o un local alquilado y son una alternativa económica para sus gestores, en un contexto social caracterizado por el desempleo y la escasez de oportunidades.

Dependiendo del carisma de su fundador y de sus habilidades empresariales, algunas de estas comunidades pueden evolucionar. Hay diversos tipos de organizaciones:

- Algunas son formas de organización complejas que incluyen edificios, nuevas sedes, presencia mediática (páginas web, estaciones de radio, canales de televisión) y una amplia infraestructura con colegios, librerías, cafeterías, estudios de grabación.

- Las organizaciones cristianas más exitosas (como el G12, la Cruzada Estudiantil y Profesional de Colombia y la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional, por mencionar algunos ejemplos) cuentan con sedes en otros países y se han convertido en empresas multinacionales.

- Otras (como el Centro Mundial de Avivamiento) promocionan sus logros y métodos de crecimiento por medio de convenciones que atraen a Bogotá a fieles de todas las latitudes del planeta, eventos que constituyen uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad.

Estrategias de crecimiento



Estas nuevas organizaciones religiosas parecen aventajar a la Iglesia Católica en cuanto a sus estrategias de crecimiento:

No temen consultar las necesidades de sus fieles para adaptar su mensaje y su liturgia.
Acuden con frecuencia a lo medios masivos de comunicación y a las estrategias de marketing.

Tienen un culto musicalizado que toca las emociones, ofrecen milagros que incluyen curaciones físicas y prosperidad económica. Las más exitosas se especializan para atender mejor las demandas de algún segmento de la población, como pueden ser los jóvenes, los profesionales o los sectores populares. 

Esto representa una nueva ventaja del movimiento cristiano evangélico sobre la Iglesia Católica, pues la diversidad de comunidades cristianas, “su pluriformidad”, así como su capacidad para mutar (para auto-transformarse) para  satisfacer mejor las demandas religiosas de sus fieles, funcionan mejor que la aparente unidad que trata de mantener la Iglesia Católica. Mediante esta estrategia crea “todo tipo de iglesias” para satisfacer mejor los gustos y las necesidades de “todo tipo de personas” (parafraseando una conocida expresión de famoso predicador cristiano Rick Warren [1]).

El éxito de los evangélicos ha llevado a la Iglesia Católica a replantear sus estrategias, especialmente a los sacerdotes que tratan de frenar la deserción de fieles de sus parroquias. Hoy es común oír el llamado de los sacerdotes a una “nueva conversión”, y a “una experiencia más personal de la fe”. 

El movimiento católico de renovación carismática ha copiado prácticas originalmente evangélicas y hoy ofrece también milagros y un culto emotivo.

Hay numerosos ejemplos de comunidades cristianas exitosas que se encuentran en plena expansión, pero la mayoría son pequeños grupos que reúnen a un puñado de fieles en un garaje o un local adaptado como templo, por lo cual cuentan también con un presupuesto reducido. Se pueden observar cientos de estos grupos en los barrios más pobres de las ciudades.

Religión, tradición y orden

Las nuevas comunidades mantienen similitudes con la Iglesia Católica: protegen la familia tradicional; condenan el aborto; se oponen al matrimonio entre homosexuales; combaten y condenan las adicciones, especialmente al licor y al cigarrillo. En estos asuntos los congresistas “cristianos” hacen alianzas con los católicos conservadores para defender posiciones morales tradicionales. En el caso colombiano la pluralización religiosa es, sobre todo, un proceso de trasformación o mutación del cristianismo.

La mayoría de católicos que desertan de su Iglesia no se identifican con la increencia (no se consideran ateos o agnósticos) ni se inscriben en tradiciones distantes (como el hinduismo o el islam), buscan un cristianismo más participativo y sobrenatural. Como lo plantee en un anterior trabajo:

“Buscan un cristianismo que privilegia la conversión y la experiencia religiosa individual sobre la tradición y el dogma; que promueve las experiencias emotivas y extáticas como vías de liberación psicológica; que acude a todos los dispositivos tecnológicos a su disposición para atraer nuevos fieles; que alimenta expectativas mágicas de curaciones y prosperidad económica; y, especialmente, que promueve dinámicas comunitarias para enfrentar el desarraigo, la soledad, el anonimato urbano y la crisis de la familia nuclear.”[2]

En conclusión, las comunidades cristianas son una fuente de esperanza y una estrategia para enfrentar las precarias condiciones de vida de miles de creyentes acosados por la pobreza, la enfermedad y la escasez de oportunidades. 

Al mismo tiempo, para muchos jóvenes carismáticos que se siente portadores de talento y son emprendedores fundar una nueva “iglesia cristiana” constituye una forma alternativa de “crear empresa” y buscar ascenso social.

Fuentes:

[1] Warren, Rick (1998) Una Iglesia con Propósito. Miami: Vida. p. 164.

[2] Beltrán, William Mauricio (2013). Del monopolio católico a la explosión pentecostal. Pluralización religiosa, secularización y cambio social en Colombia. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, p. 378.