8 de octubre de 2015

Quehaceres Teológicos En La Colombia De Hoy

Todos Los Derechos De Autor A: Carmiña Navia Velasco. (Especializada en hermenéutica bíblica desde la mujer y desde la ciudad) - Extras Del Articulo, Datos Del Autor: http://servicioskoinonia.org/relat/205.htm

1. Qué hemos hecho hasta hoy, una mirada rápida: No es posible en el breve espacio de un artículo, profundizar mucho en el camino recorrido, solo voy a realizar una mirada fugaz en la que quiero destacar algunos aspectos que me parece no se han tenido, hasta ahora, suficientemente en cuenta. Camilo Torres inaugura una nueva manera de hacer teología en Colombia, cuando establece una relación dialéctica entre la realidad socioeconómica nacional y el Evangelio. A partir de ese momento, ya no es posible interpretar el mandato de Jesús de Nazaret: Ámense los unos a los otros, en una forma desencarnada o que ignore la muerte lenta que ese otro sufre cada día a causa del sistema en que estamos inmersos. Pero Camilo no es un hecho único o aislado. El grupo de Golconda es su contemporáneo e indiscutiblemente su interlocutor. De otro lado, a fines de la década prodigiosa tenemos en Colombia, las conclusiones de MEDELLÍN, en las que se nos dice lúcidamente que el pecado no es sólo un hecho individual o íntimo, sino que el pecado es un hecho social y estructural. Este concepto fue definitivo para nuestro caminar teológico de por lo menos dos décadas.
Movimientos como SAL, ORAL, CPS y apoyos como los de Dimensión Educativa, Cinep, Cedal, Cepal, Servicio Colombiano de Comunicación Social en lo nacional, Funsarep, Fundación San Isidro y Centro Cultural Popular Meléndez en lo regional, fueron gestando un pensamiento y una práctica pastoral y teológica que sería recogida y enriquecida en el caminar de la CEBs y de las CCCs. Los años comprendidos entre 1.980 y 1.992 más o menos, son años sumamente ricos en la producción de pensamiento, materiales y vida en múltiples niveles ( el académico, el de los agentes de pastoral y/o agentes medios de trabajo popular y comunitario y sobre todo el de las bases. Si bien es cierto que las decisiones estrictamente políticas muchas veces no pasaron por las bases (como lo afirma Ana Mercedes Pereira), sí es claro que las prácticas de fe y una apropiación en ocasiones mejor y en ocasiones peor, del pensar sobre Dios sí atravesaron en la mayoría de los casos las bases mismas del movimiento. La revista Solidaridad constituyó una referencia y un testimonio permanente, en sus doce años de existencia, de la intencionalidad clara de reflexionar teológicamente el quehacer político y reflexionar políticamente el quehacer teológico. Igualmente -repito- los trabajos, encuentros, acompañamientos y publicaciones de Dimensión Educativa y Cinep... la enumeración de estos aportes sería interminable y por otro lado ya existen síntesis que los recogen (2). Es importante señalar también el pensamiento teológico que se empezó a construir en la Universidad Javeriana de Bogotá, bajo el liderazgo de Alberto Parra y Alberto Múnera y /o en otros centros teológicos quizás de menor resonancia, pero no por ello de menos influencia.

Finalmente hay dos ejes del caminar bíblico y teológico de hoy que quiero recoger: La caminada bíblica, con todo lo que ella conlleva de búsqueda de nuevas hermenéuticas y lugares teológicos, de encuentros y compartires, de publicaciones e intercambio de materiales... Se trata de un apoyo invaluable al caminar de las comunidades en tiempos en los que no han sido tan claros los derroteros por los que hay que aventurarse y en tiempos en los que mantener la esperanza es un reto histórico. Quiero referirme particularmente al aporte que ha realizado la caminada bíblica a los nuevos Sujetos Sociales: mujeres, negros, indígenas, niños... este aporte ha permitido que en los corredores teológicos se escuchen nuevas voces, se digan nuevas y distintas palabras.
Igualmente las búsquedas de la CRC (Conferencia de Religiosos de Colombia), aunque dirigidas prioritariamente a sectores de religiosas/os mantienen la tensión de una búsqueda teológica en consonancia con los momentos que hoy vive el país.
Mirando hacia atrás nos encontramos con un capital simbólico acumulado, nos encontramos con una herencia rica que es necesario saber retomar, asimilar y relanzar... pero a mi juicio salta a la vista un problema: la mayoría de las veces, este camino teológico se ha hecho en aislamiento, especialmente en los últimos años: cada uno de estos grupos o de estas instancias no ha mirado más que a su grupo; no ha habido un dialogo y una interacción suficientes entre unas construcciones y otras, entre unas prácticas y otras ... y ello sólo puede traducirse en pérdida para el caminar del conjunto ( creo que se ha minusvalorado la posibilidad de enriquecimiento mutuo y entonces la visión desde fuera: desde y hacia el conjunto de la sociedad aparece disminuida en su aporte y en sus posibilidades reales.
2. Colombia 1.998, algunos rasgos: Hoy parece que los colombianos nos encontramos fácilmente en una misma apreciación sobre la realidad de nuestro país. En general esa realidad es calificada por la mayoría de nosotras/os como una realidad de crisis y de muerte. Participamos con otros países del tercer mundo, del destino impuesto por los grandes, el neoliberalismo económico y político rige nuestros destinos: "El acrecentamiento de la deuda externa, con sus obvias consecuencias de mayor dependencia política por las condiciones impositivas de los préstamos y de mayor dependencia cultural respecto de los modelos y formas de vida del Norte desarrollado.

Los índices de desempleo que señalan por sí solos que el proceso de industrialización y de exportaciones no va a la par con las importaciones que saturan al país de productos extranjeros, inaccesibles por lo general para el ciudadano corriente. La explosiva situación social generada por las políticas de salarios (siempre por debajo de la inflación), de tarifas (en continua espiral alcista) y de privatización de servicios a los que ya muy difícilmente tendrían acceso la inmensa mayoría del país. Un balance honesto del modelo neoliberal no puede presentar su rostro luminoso y callar lo sombrío de su cara oculta. Ni dejar de sopesar si los efectos positivos del modelo (?) compensan razonablemente los costos sociales de su implementación. Ni dejar de preguntarse si la actual situación de nuestros pueblos tolera, sin graves e imprevisibles conmociones sociales, el remedio que se le quiere aplicar" (3). La aplicación de estas políticas nos arroja como resultados crisis aguda en la industria nacional e igualmente en el campo, los índices de pobreza se agudizan y el desempleo ha alcanzado la taza más alta en el último medio siglo. Es claro que una situación económica tan compleja y tan negativa no se arregla con un cambio de presidente y podemos pensar que el deterioro en estos niveles continuará profundizándose. Con lo grave que es este problema, no es el más grave que tenemos. La situación que quizás más desestabiliza y angustia es la guerra cada vez más generalizada, sangrienta y absurda que tiñe de sangre a Colombia. Una guerra de todos contra todos, en la cual no hay ningún perdedor distinto al pueblo pobre. La carrera de armas en nuestro país ha llegado a un límite que aparentemente no tiene reversa: la violación permanente de los derechos humanos y el asesinato implacable de aquellos que precisamente quieren velar por esos mismos derechos, nos habla de la gravedad del problema.
Pero quizás el rostro más concreto, angustioso y apelante de la guerra, es el de los miles y miles de desplazados que recorren nuestra geografía en busca de un lugar para refugiarse de las balas... Inicialmente fueron los territorios de Córdoba y Urabá... en este momento los desplazados se encuentran a todo lo largo del territorio nacional: Meta, Santander, Antioquia, Chocó... las grandes ciudades: Cali, Medellín, Bogotá, Barranquilla... aumentan sus cinturones de miseria desproporcionadamente y ni aún así logran cobijar a las víctimas de esta espiral de violencia.
Es cierto que parecen correr aires de paz... por lo menos el deseo en la mayoría de la población es claro... pero no hay que llamarse a engaño, la paz no es algo que lograremos en unos pocos meses, ni siquiera en unos pocos años... la guerra deja cicatrices profundas, ya la historia de Colombia sabe de ello.
A todo esto, ya de por sí agobiante, hay que sumar una crisis bastante generalizada de instituciones, de ideas, de dinámicas sociales políticas e ideológicas... crisis ideológica y política, crisis ética, crisis de los fundamentos religiosos que por muchos años vehiculizaron la nación. De otro lado, el movimiento popular ha sido golpeado y se encuentra desarticulado y atravesado por la desesperanza... la sociedad civil aún por definirse y construirse no acaba de encontrar sus cauces. Es urgente repensar los caminos que puedan abrirnos un espacio al futuro. Alberto Parra nos invita a ello: "Es pues indispensable reconstruir las bases éticas de una razonable conducta ciudadana que en lo social, en lo político, en lo económico, en el respeto fundamental a la vida, a la ecología y a los derechos de los pobres, nos permita encontrarnos todos, de todos los credos, de todas las conciencias, de todas las tendencias, para que podamos convivir como comunidad nacional civilizada...

Desde nuestra práctica de la confesión de fe, la escuela católica, el colegio y la universidad, los centros eclesiales, los padres de familia debemos empeñarnos, ciertamente, en redoblar todo esfuerzo por una proclamación por obras, antes que por palabras, de los compromisos propios de los seguidores de Jesús en Colombia. Ello no nos excusa, sino que ulteriormente nos espolea, a colaborar en el diseño de las bases humanas, sociales y políticas de una ética cívica, ética ciudadana o ética social que constituyan como el núcleo fundamental indispensable desde el que podamos convivir, respetarnos y trabajar en la tarea común de dignificación humana, que es dignificación cristiana" (4).
3. Mirada/Propuesta hacia adelante: Es difícil en esta hora de desconciertos y dispersión marcar líneas o perspectivas nítidas cara al futuro. Es claro que en principio parte de lo que tenemos que hacer es, de un lado, profundizar en lo que ya hemos hecho, en lo que estamos haciendo... de otro lado, responder a las nuevas demandas, responder a la nueva HORA del país. Pero ello en concreto, qué significa ? Simplemente, voy a trazar algunos rasgos muy generales de lo que creo tendrían que ser quehaceres teológicos en este fin de siglo y de milenio. De una manera general creo que tenemos que realizar algunos desplazamientos... se trata de intuiciones a validar en el camino...

Quehacer teólogico desde LOS POBRES: No es algo ni mucho menos nuevo entre nosotros/as. Es la intuición a la raíz y al inicio de nuestro camino. Pero no sobra en los tiempos de la postmodernidad y el fracaso de muchas alternativas, reafirmar e insistir en la necesidad de mantener ligados el destino de la teología y de los pobres en nuestro continente y en nuestro país. El neoliberalismo y la globalización, convierten la vida de los pobres en una cuestión de resistencia. Desde mi punto de vista una teología popular y/o de la liberación que no esté al servicio de esa resistencia no tiene absolutamente ninguna validez. Creo que en Colombia, tenemos que profundizar en este sentido un aspecto: no se trata únicamente de la teología del compromiso con los pobres... o de la teología hecha en las CEBs... creo que es necesario hacer un esfuerzo serio para lograr ubicar definitivamente al pobre, como el lugar desde el que conocemos y abordamos todas las otras realidades ( mujer, paz, sociedad civil... Se trata de vivir el pobre como lugar epistemológico: "Eso sí, lo que me interesa dejar aquí bien claro es que los pobres son no sólo el lugar social, sino sobre todo el lugar epistémico desde el que, con más garantías de objetividad, podemos comprender a Dios, los proyectos de Dios, la voluntad de Dios. Aquí resulta decisivo recordar la afirmación de Jesús: Bendito seas Padre, Señor de cielo y tierra, porque si has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, se las has revelado a la gente sencilla (Mt. 11, 25)..."
En ocasiones no es posible y/o necesario realizar un desplazamiento social, pero si se trata de un desplazamiento epistemológico imprescindible:
"... sólo desde los pobres o más exactamente, desde la situación epistémica que comportan los pobres podemos tener los ojos limpios, que ven la verdadera imagen de Dios" (5).
Si nos tomamos en serio este lugar como punto de partida de nuestra reflexión, todo nuestro pensar y entender sobre la vida nacional y la conflictividad social (conceptos tan necesarios hoy como: paz, concertación, sociedad civil...) se transforman radicalmente. El concepto de justicia, por ejemplo: "Ya lo he dicho el proyecto de Jesús no es un proyecto de sociedad igualitaria. Porque eso sí que es imposible, en el sentido mas literal de la palabra. El proyecto de Jesús, el Reino de Dios, es un proyecto de sociedad preferencial, tal como antes explique eso: una convivencia, una forma de entender la vida, un modelo de sociedad, en el que los preferidos son los últimos de la historia, los crucificados de este mundo, los que peor lo pasan en la vida..." (6). En el conjunto de los pobres, me parece necesario desarrollar y profundizar la reflexión particular que acompañe el camino de los distintos sujetos sociales que constituyen este conjunto que llamamos pobres (etnias, campesinos, grupos de edad, género...). Desde mi punto de vista, en algunos aspectos se ha avanzado poco en este sentido. Yo particularmente ahora, quiero insistir -hablando desde mis intereses, posibilidades y prácticas- en la necesidad de realizar un:

Quehacer teológico desde LA MUJER: Colombia tiene en este terreno un gran reto... Es cierto que se han dado pasos, especialmente en lo que tiene que ver con la Relectura Bíblica desde la perspectiva femenina. Pero el camino por recorrer es largo... En general nuestros discursos teológicos académicos y populares, no están atravesados por la categoría género. Esta conceptualización sólo está presente en el trabajo realizado por mujeres. No se trata solamente de intentar tímidas aproximaciones hermenéuticas desde la mujer... el desafío es enorme. En este momento no podemos eludir un diálogo con lo que se hace en otras partes del Continente: América del Norte, Chile, Brasil, Argentina.... La teología ecofemista está allí, para enriquecernos y cuestionarnos: no podemos ignorarla, ni hombres, ni mujeres.... En este sentido creo que es necesario un esfuerzo grande para releer nuestra tradición bíblico cristiana más allá de las categorías patriarcales en que nació y siempre ha sido leída. Por muchas razones, entre otras porque las mujeres de nuestro pueblo son antes que nada cristianas, yo apuesto por una teología femenina y feminista plenamente bíblica y cristiana... creo que ello es posible y necesario. Pero no se puede realizar esto, sin el concurso de hombres y mujeres, espacio populares y académicos. Siento que tenemos que aunar por aquí muchos esfuerzos.
Desplazamiento desde la macroutopía a la utopía cotidiana: Vivimos muchos años en América Latina y en nuestro país soñando con un futuro grande, nuevo y justo... y sacrificándonos y esperando en él. La categoría teológica Reino de Dios, la interpretamos a nivel de lo macro y ello nos llevó a canalizar todas nuestras energías en el mañana diferente. Esa gran utopía, alimentada entre otras cosas por las revoluciones de Cuba y Nicaragua, alentaron el caminar de muchos cristianos en estas décadas. Demasiadas vidas quizás, fueron sacrificadas por la muerte o la renuncia cotidiana, en aras de lograr ese gran sueño, esa gran utopía. No creo en absoluto que sea necesario ni benéfico renunciar al soplo de lo utópico. Ninguna practica religiosa tiene sentido si se realiza esta renuncia. Nos es lícito soñar con un mundo diferente, una sociedad transformada, unas relaciones armónicas y justas... pero en tanto vamos tejiendo ese sueño, es imprescindible también ir construyendo en nuestra vida diaria la utopía cotidiana... porque el llamado de Jesús de Nazaret es un llamado a ser felices en el aquí y en el ahora. "El Reino de Dios está en medio de ustedes", dijo Jesús. Sólo con nuestra capacidad de transformar y vivenciar lo cotidiano, podremos caminar hacia las utopías diarias y pequeñas que tienen que animar nuestros caminos en estas horas más difíciles. Nuestra teología tiene que apoyar a los agentes y a las bases a construir esta vivencia. Una lectura del Qohelet en esta perspectiva nos puede iluminar: " Disfruta del pan que comes; goza del vino que bebes, porque a Dios, le han agradado tus acciones. Vístete siempre con ropas blancas; ponte siempre perfume en la cabeza. Goza de la vida con la mujer amada, cada instante de esta vida sin sentido que Dios te ha dado en este mundo, y todo lo que esté en tu mano hacer, hazlo con todo empeño". En este caminar las mujeres populares tienen mucho que enseñarnos.

Quehacer teológico en la construcción de la paz:  Hay al menos dos presupuestos básicos ineludibles en la consecución de la paz en el territorio nacional:
1. Un reajuste/reacomodo económico muy grande que permita absorber toda la fuerza de trabajo que hoy vive de la guerra, así como los jóvenes desesperados por su imposibilidad de ubicarse en un sistema que los excluye y que los mata. 2. Un desarme de los espíritus o construcción de una cultura de la paz y de la tolerancia cotidianas que nos enseñe a los colombianos a convivir en la diferencia, a respetarnos y a acogernos política y culturalmente unos a otros, para que resolvamos nuestros conflictos en forma diferente a las que hemos empleado tradicionalmente.
Pues bien, yo creo que es urgente y necesaria hacer una teología de la paz en Colombia. De la misma manera que hace quizás menos de una década algunos grupos pensaron en la necesidad de hacer una teología de la guerra, yo considero prioritario acompañar teológicamente el camino de la paz, que para mí, es un camino de años y de décadas... "La paz no es algo así como un campo en el que, habiendo calculado los grados de libertad de cada individuo, se legisla un comportamiento que los hace respetar. Con otras palabras: la paz no puede ser legislada de una vez por todas -no sería paz-, del mismo modo que el amor no puede ser mandado -no sería amor-. La paz no tiene nada que ver con la rigidez de una libertad en la que cada átomo tiene acotado un determinado espacio, a fin de no perturbar al vecino. La paz tiene que crearse y recrearse continuamente... La paz no puede imponerse. Hay que recibirla, merecerla, crearla, como hemos venido diciendo. ... Una cultura de la paz tiene que ser una cultura de la libertad. Ahora bien, en el mundo científico-técnico en que vivimos, regido por las leyes cuantitativas hasta en el voto, la libertad profunda del individuo se ve constantemente coartada... La cultura de la libertad necesita de otros presupuestos..." (7). Me parece que una tarea fundamental de los cristianos en este camino, es ayudar a pensar los problemas de la paz y de la convivencia, desde la perspectiva popular, desde la perspectiva de los pobres... pero con un serio esfuerzo de desarmar los espíritus, cosa por otro lado muy difícil si partimos de nuestra constante comprobación de la injusticia. En este terreno, tenemos un reto fuerte hacia adelante, que pasa también por releer todo el avance en materia de DDHH, desde los pobres y desde una cultura cotidiana de paz.

Iluminación teológica de la memoria histórica: Todos sabemos que en los tiempos del "fin de la historia", se intenta borrar de la memoria de los pueblos su lucha. No sólo se pretende borrarla, sino alterarla, desvalorarla, oscurecerla. Fácilmente ante tanto templo del consumo los pueblos se dejan robar este, su bien más preciado. Hombres y pueblos sin memoria, son hombres y pueblos sin identidad y por lo tanto sin futuro ( pueblos muertos. La religión bíblica es una religión de la memoria... y el pueblo judío precisamente se distinguió entre los pueblos de la antigüedad por la conciencia del tiempo (pasado y futuro) que logró construir. Fue un pueblo que encontró en sus orígenes liberadores la fuerza para perfilar su utopía... y encontró precisamente en esos dos polos ( pasado y porvenir, su capacidad de vivir con plenitud de sentido un presente que muchas veces le fue esquivo y difícil. Ni la memoria, ni la utopía, pueden convertirse en pautas dictatoriales que condicionen el presente (contra esto, precisamente, protesta la postmodernidad); pero sí necesariamente son polos que nos ayudan a plenificar nuestro caminar diario, a entenderlo y sobre todo a proyectarlo más allá de intereses particulares o sentimientos transitorios... ¿Cómo ayudar desde la teología a recuperar la memoria de los vencidos, según la expresión de Reyes Mate, sociólogo-cristiano español? ¿Cómo inscribir nuestra resistencia a la muerte, en el panorama bíblico de un hoy que se alimenta en el ayer y se sueña en el mañana?